3- Iniciación ( en corrección)

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3- Iniciación ( en corrección)

Mensaje por Talita el Sáb Mar 12, 2016 1:22 am

Una semana después...

— Vuelve a la cama, cariño- Dijo cariñosamente Annie.

Jared sonrió ladinamente y siguió su camino a la ducha, ignorando los llamados de su prometida. Tenía muchas cosas de las que encargarse, su trabajo por ejemplo. Habían tantos asuntos de la empresa que atender... Bueno, la verdad no eran tantos, de hecho, eran más los que tenía que atender de La Sociedad. Quería a Annie en su vida, más porque le mantenía los pies en la tierra que otra cosa, por eso le había pedido matrimonio. Además, Annie era muy dulce con Amanda, y estaban muy unidas. Pero no le apetecía esa clase de sexo, no ese día.

Los recuerdos de la noche anterior le golpearon en la mente mientras tomaba su ducha. Los dulces besos de Annie, la forma como le acariciaba. Aunque ella jamás le buscaba por iniciativa propia, y se sonrojaba a la menor provocación, lo cual le resultaba excitante en un principio, pero cuando ella le apartaba avergonzaba cuando intentaba hacerle sexo oral, o simplemente le pedía que no la mirara desnuda, que lo hicieran con la luz apagada, esa clase de cosas le fueron enfriando la pasión, por lo que ahora solo le unía a Annie un profundo afecto.

Salió de la ducha y luego de secarse, salió a la habitación de nuevo para vestirse. Annie estaba cubierta con la sabana y apenas le vio desnudo, concentro toda su atención en el televisor.

Jared recordó la primera vez que le insinuó a su prometida que tuviera sexo a plena luz del día.

« A mí me enseñaron que esas cosas se hacen de noche » Respondió, con una sonrisita. Jared pensó que aquello era un comentario provocativo al estilo de Annie, pero no, fue una respuesta tajante y no cambió de parecer.

— Volveré para el fin de semana ¿De acuerdo?- Le dijo, acercándose a la cama para darle un beso antes de irse.

— Te extrañaré— Respondió ella, con una pequeña sonrisa.

Jared salió del departamento directo al coche, y durante todo el trayecto hasta el aeropuerto, aunque estaba revisando unos documentos muy importantes de la oficina, la idea de la iniciación de Erika no dejaba de rondarle en la cabeza. Estaba pautada para dentro de tres días y ya casi podía saborear esa tersa piel. Hacia bastante tiempo que no tenía una sumisa y todas sus intenciones estaban fijas en que fuera la pequeña Wilson. Le había puesto el ojo apenas la vio en uno de esos anuncios de ropa interior provocadores que hacia. Había escuchado que tenía un novio, así que muy probablemente tuviera experiencia, no le dolía no estrenarla, al contrario, la experiencia no estaba de más.

El chófer se detuvo frente al aeropuerto y Jared sacó su equipaje para tomar el vuelo de regreso a USA, tenía una parte de sus pensamientos en la reunión que tenía esa tarde y la otra imaginar como se escucharían los gemidos de Erika. Le costó bastante repasar los puntos de su agenda imaginando como sonarían las palmadas en esos pequeños y tersos glúteos de ella, y así estuvo los siguientes días hasta que el día por fin llegó.

La mañana del día fijado la paso con Amanda, pasó a buscarla al campus y la llevó a comer algo. Se distrajo al fin al escuchar las historias de su pupila acerca del campus, los estudios, y los compañeros. Luego de excusarse diciendo que tenía una reunión muy importante, se marchó a la casa de Ginevra para comenzar a darle lugar a todos los detalles importantes acerca de la iniciación que se llevaría a cargo luego de las seis de la tarde. Sin embargo, la conversación con su pupila le rondaba en la mente:
— ¿qué haces, cariño? — le preguntó Jared a Amanda.

Jared había ido por ella a la facultad para pasar unos días juntos, ya en la universidad no había clases por días festivos, decidió que lo mejor sería que no estuviese sola en su habitación mientras no hubiese alumnos ni profesores que la estuviesen vigilando esos días.

Se acercó a la habitación de la chica y descubrió que ella tenía la puerta abierta así que simplemente se asomó y sonrió al ver que ella estaba distraída frente al espejo de cuerpo entero viendo con determinación que vestido era mejor para una cita, sí el negro sencillo con escote en V hasta el pliegue de sus pechos o el blanco de mangas largas y trasparente
— tengo una cita mañana en la tarde. Conocí a un chico bastante interesante en la facultad y nos veremos en el café que se encuentra cerca de la Mansión Wilson

— ¿una cita?
— si ¿por? ¿Celoso? — bromeó ella aún frente al espejo sin apartar la mirada de su reflejo
— no... Que va, se que algún día te tengo que dejar ir ¿y quién es el afortunado?
— No lo creerás, es increíble — dijo ella girando sobre sus talones — es un hombre muy guapo, es el doctor que trabaja en la enfermería de la facultad
— Oh... alguien mayor — respondió Jared con recelos en el tono de su voz creyendo que Amanda se metería con alguien mayor
— tranquilo, es joven, creo que esta recién recibido.
— ah, entiendo— contestó él aliviado
— ¿Pero sabes algo? Hay algo que me llama mucho la atención de él... — continuó la chica en un tono confundido — y es algo perturbador y fascinante a la vez
— ¿qué es? — preguntó Jared con curiosidad
— que Daniel y tú tienen cosas en común, creo que hasta se conocen
— ¿en serio?
— sí, incluso llevan el mismo tatuaje ese de la mariposa en su mano
— Interesante — comentó Jared entre dientes — ¿cómo dijiste que se llama?
— James, Daniel James — respondió ella volviendo al espejo— usaré este — murmuró para sí mima eligiendo el vestido blanco de mangas trasparente — ¿qué te parece este? — le preguntó a su padrastro mirándolo desde el reflejo
— Perfecto — contestó él, un tanto ido.

Sabia quien era Daniel James y sí bien él estaba ansioso porque su hijastra se iniciara pronto en la sociedad, no estaba seguro si quería que fuese justo el doctor de la facultad quien se encargase de Amanda. Sabia quien era él, también sabía que su mejor amigo era novio de Erika, y que no le importaba para nada estar en el ritual de la novia de su mejor amigo. Ese tipo no le agradaba del todo.

Del otro lado de la ciudad, Erika le escribía un mensaje de texto a Marcus para excusarse por no poder verlo esa noche. Aunque habían estado juntos varias noches después de que volvieron de Venecia. En compañía de su amante, Erika había descubierto muchas cosas en poco tiempo, sensaciones excitantes, sin embargo, aunque Marcus era muy dulce y un amante de ensueño, ella necesitaba sentir otras cosas. Esa tarde, cuando puso en marcha su coche, supo que ya no volvería a ser la misma, supo que al ir a buscar dichas sensaciones, sería otra mujer la próxima vez que se viera con su novio.

Si bien aquel evento ponía nerviosa a cualquier mujer que lo experimentaba, Erika, más que nerviosismo, sentía ansias. Estaba lista para aquel momento y ya quería que la hora llegase. Cerró los ojos y se entregó a los sensuales placeres de un relajante baño y una sesión de masajes que le proporcionaban en la mansión, como parte de su iniciación.

Mientras tanto, muy cerca de la mansión. Amanda había llegado recientemente al café donde ella y Daniel se reunirían. Salió del taxi cuidadosamente para no torcerse un tobillo   con aquellos tacones, que si bien no eran tan altos, no se acostumbraba a esos tipos de calzados femeninos, pero éstos eran los únicos que combinaban con su  impecable  vestido blanco de mangas largas y trasparentes.

Caminó hasta la entrada y se acercó al recepcionista.

— ¿Nombre? — preguntó el hombre de traje elegante.
— Amanda Dylan, señor

El recepcionista revisó la lista y confirmó que todo estuviese en orden

—Adelante, señorita. El señor James lo está esperando
— Gracias — dijo ella. Luego, dentro del café Amanda fue guiada por un mozo hasta la mesa privada donde Daniel la esperaba sonrientemente al verla llegar.
— Estás hermosa — Le dijo poniéndose de pie para saludarla. La miró de pies a cabeza y sonrió de nuevo, no había algo que le resultara desagradable en esa chica. Nada parecía estar fuera de su lugar exacto.

—Gracias, tú igual te ves bien — respondió ella.
— Permíteme — se adelantó él a correrle la silla antes de que ella pudiese sentarse
— gracias
— No agradezcas tanto, para eso están los caballeros — Contestó él, sin quitarle la mirada de encima — Y... bueno, dime algo de ti
— ¿Quieres que te cuente?— dijo ella cuando Daniel volvió a sentarse frente a ella para romper el hielo.
— Lo que sea — respondió él sonriendo
— bueno, a ver... mi nombre real  no es Amanda Dylan, vengo de una antigua familia aristócrata conocida como los Wilson, son dueño de una extraña sociedad que... no va al caso en este momento— Dijo sacudiendo ligeramente la cabeza— El punto es, que mi padrastro Jared... llamado también   “Rey Dylan” – dijo esto  con ironía haciendo las entrecomilla con los dedos —   se le metió en la cabeza  que sólo  tres pueden  llevar  el apellido  Wilson   entonces  cuando se  casaron él y mi madre  me  quitaron  el  apellido  de mi  padre real  …  que  por  cierto  era el  tío paterno     de  las  princesitas Wilson —  se burló de sus primas —  … y  bueno,  soy Dylan  ahora  –  terminó  de  explicar.
— es tu turno... ¿qué hay de ti? — añadió ella esperando a que Daniel dijese algo, lo que sea.
—A ver, yo...— Comenzó a decir Daniel, buscando algo que contar— La verdad es que no soy de aquí, soy de Escocia— Sonrió al ver la cara de Amanda— Vamos, no me digas que mi acento no me delató, no soy consciente de que lo tengo, pero todos lo dicen, para mí son ustedes los que hablan raro—

— ¡Eso no es cierto!— Protestó ella riendo.
—Claro que sí
— ¿Cómo decidiste estudiar medicina?
—Me gusta ayudar a las personas, creo— Se encogió de hombros— Y además, mi padre era medico, y mi abuelo fue medico, también su abuelo— Explicó— Y no me veo haciendo algo más, además, cuando estaba un poco perdido conocí a un buen amigo—

—No te veo como un tipo muy de tener amigos— Admitió ella, sin recelo alguno.
—Es totalmente cierto— Daniel sonrió— Por eso precisamente aprecio a los pocos que tengo—« Aunque voy a follarme a su noviecita dentro de un rato»— pensó— Y bueno, él me orientó bastante y me di cuenta de que estaba en lugar indicado
—Eso es lindo

El mozo se acercó y tomó la orden de la pareja. Una vez que este se retiró, ellos continuaron conversando de buen agrado.

—Cuéntame, ya hemos hablado de cómo terminamos estudiando lo que hacemos, de nuestras familias en cierta parte... Dime ¿Por qué una chica tan guapa como tú acepta venir a cenar con un desconocido sin que su novio le haga una escena de celos?— Daniel mira fijamente a Amanda, que sonríe y aparta la mirada.

— ¿Quién te dice que no me la hizo?— Un instante después, Amanda comienza a reír—No tengo novio, no tengo un novio desde la secundaria...— Admite resueltamente.

—Vaya
— ¿Quieres saber por qué?— Pregunta Amanda.
— ¿Quieres contarme?
—No sé, me cuesta confiar en las personas, es decir... Estoy acostumbrada a ser el bicho raro, incluso me tildaron de sociópata y créeme, te aseguro que ninguno de ellos sabía a ciencia cierta lo que significaba la palabra...— El mozo se acerca y les sirve una copa de vino a cada uno— El punto es que solo lo dejo ir y ya...
—Es decir que tu no...
—¿Qué si soy virgen?— Amanda se ríe y le da un sorbo a la copa— ¿Por qué, doctor, no le basta con las chicas que van al consultorio del campus?— Bromea— No, no soy virgen, y contrario a lo que pensaba mi ex, tampoco soy frígida, si es que aún ese término se acuña, he llegado a sentir placer, aunque me va mejor por mi cuenta, pero no creo que me hayas invitado para saber si era virgen o no...

—Eso, Amanda, es porque nunca has estado con un hombre, pero a propósito del tema ¿Para qué, según tú, te invité?— Quiso saber Daniel, fascinado con la manera resuelta y el lenguaje que usaba aquella chica. No era como las demás chicas del campus, era diferente, sí, un bicho raro, pero además era jodidamente guapa.

—Probablemente no para preguntarme, sino para intentar meterte en mis bragas— Se encogió de hombros— Y la verdad, no me molesta, doctor...

Daniel comenzó a reír ante el comentario de Amanda y asintió afirmativamente. Si bien no iba a tener que andarse con rodeos con esta chica.

—Bueno, bastante acertado...

—Pero no lo vas a lograr en una sola cita

— ¡Me gustan los retos!— Admitió Daniel— Malditas cosas sencillas que le quitan lo interesante a la vida... ¿Cuántas citas?

—No lo sé— Amanda se encogió de hombros— Ya veremos

El mozo trajo la cena y ambos comieron, charlando tan amenamente como si se conocieran de toda la vida. Para cuando la cuenta llegó, Daniel sabía más de Amanda que muchos de sus conocidos, y lo mismo por parte contraria. Lo que a Daniel le gustó de ella es que no tenía que pretender algo, solo podía ser él y ya, y lo que a ella le encantó de Daniel, es que de no ser porque el vino ya le estaba haciendo efecto, la habría pedido que se la llevara a otro lugar cuando salieron del restaurant.

— ¿Te dejó en el campus?
—Por favor

Cuando Daniel se estacionó frente a la señorial entrada del campus, sin miramiento alguno, se sacó el cinturón de seguridad y se acercó a la chica. Amanda, lejos de alejarse, sonrió ladinamente y susurró:

—Debería besarme, doctor

—En eso estaba pensando, pero es que tu siempre te adelantas a mis pasos— Respondió— Eso podría ser un problema, Mandy...
— ¿Cómo puede ser eso un problema?— Ella sonrió y acortó las distancias entre ambos.

Amanda tenía mucho tiempo que no besaba a un chico, pero sus labios se movieron diestros contra los de Daniel. Cuando la mano de él se deslizó por su cintura, ella aferró sus manos al cuello de la camisa de este y entonces sus lenguas se encontraron en un baile desenfrenado. Daniel deseo con todas sus fuerzas poseerla en ese momento, enredar sus dedos en aquel cabello, hacerla gritar.

—Tranquilo, muchacho— Susurró Amanda, dándole una palmada cariñosa a Daniel en la pierna, como si se tratara de un caballo— Me llamas luego ¿Vale?
—Vale— Respondió él, y finalmente se alejó un poco y la dejó salir del coche.

Amanda observó partir el coche sintiendo un ligero cosquilleo en su interior. Quizás Daniel tenía razón, quizás ella nunca lo había hecho con un hombre de verdad, o quizás era que este chico, inexplicablemente, le gustaba más y en menor cantidad de tiempo que muchos chicos con los que había compartido. Aunque ella había sido siempre un poco desinhibida para hablar, este chico le despertaba un instinto animal desconocido para ella hasta entonces.

Por su parte, Daniel tuvo que consolarse con la idea de que un manjar como Erika Wilson le estaba esperando en la mansión, esperando para someterse a sus mandatos y a sus más oscuras perversiones. Ya luego sería el turno de Amanda, la verdad, podía esperar un poco más.



Una vez que Erika tomó asiento frente a su hermana Ginevra, supo que ya todo era un hecho. La emoción en los ojos de su hermana mayor era algo que no se podía ocultar. Le dedicó una pequeña sonrisa y le indicó que esperarían unos minutos más hasta que llegara a Jared, que era el otro jefe de la sociedad.

—Jared pidió, expresamente, estar en tu iniciación— Comentó en voz baja Ginevra— No tiene una sumisa desde hace bastante tiempo, y dijo que no tenía problema alguno en que tu solo supieras lo básico, que lo demás lo podías aprender en el camino y que él podría encargarse de tus lecciones
— ¿Jared dijo eso?— La voz Erika se quebró un poco por la emoción. Si bien le conocía poco y le parecía que Jared Dylan era un tipo algo distante, no solo era tremendamente guapo, también había sido su amor platónico desde que era una adolescente— ¿No me estás mintiendo?—
—No
— ¡VAYA!

Erika podía recordar claramente todas las veces que se coló cuando aún no tenía la edad apropiada para observar los vídeos de seguridad en los que se veía claramente como Jared sometía a sus sumisas, cómo ellas explotaban y se desvanecían de placer en sus brazos. La sola idea de que ahora ella pudiera vivirlo le resultaba abrumadora.

—Por cierto ¿Te gustó el albornoz? Lo elegí para ti— Dijo Ginevra, sonriendo al ver a su pequeña hermana envuelta en un elegante y fino albornoz color malva. Debajo llevaba un ajustado traje negro que constaba más que nada de tiras negras que se ajustaban aquí y allá y dejaban sus pechos al aire, así como sus genitales. Llevaba, además, unas medias de malla fina y unos tacones tan altos, que apenas si podía creer que estuviera sobre ello—Lo demás es el traje típico de la iniciación, ya lo habíamos estudiado—

— ¿Quién más estará?
—Daniel James
— ¿Daniel?— Dejó Erika, sintiendo que se quedaba sin aire— Pero...
—Ya sé que estás con Marcus, pero entiende que esto es aparte de lo que suceda en tu vida persona ¿Entendido?
—Lo sé, es solo que...
—Es raro, es todo, pero él también pidió estar ahí...
— ¡WOW! ¿Quién será la chica?
—Candace
— ¿La sumisa de...?
—Sí, así es, ella misma la recomendó, por el entrenamiento que lleva...
—Qué raro es todo esto, estoy muy...
— ¿Emocionada?— La voz de Jared hizo que ambas mujeres se volvieran en dirección a la puerta.
—Esa era la palabra que buscaba— Dijo Erika, dedicándole una pequeña sonrisa.

Jared, que hacía mucho tiempo que no veía a la chica, le pareció que estaba guapísima. Tenía el cabello trenzado en una exquisita crineja y el tono del albornoz le resaltaba con el de su piel. Era una piel delicada, eso saltaba a la vista, y sabía cómo se sonrojaría cuando la azotara.

—Estás hermosa, Erika
—Gracias— Respondió ella, y sus mejillas se sonrojaron. Agachó la mirada en un gesto tan propio de papel que Jared quería hacerla jugar, que sintió como se tensaba algo en el interior de sus jeans.

Jared y Ginevra firmaron el acuerdo con Erika, le dieron las últimas instrucciones y luego, una vez que todo quedó acordado, la chica se levantó, hizo una pequeña reverencia de inclinar la cabeza y se marchó de la oficina. Jared se ofreció a acompañarla hasta la habitación principal, donde se llevaría a cabo la iniciación y una vez que ambos se alejaron por el pasillo, él la tomó del brazo y la hizo girar hacía él.

—Sabes que pedí estar ahí ¿No?— Susurró, acercándose a ella.
—Eso me dijeron
—Quiero que seas mi sumisa ¿Entendido? Así que, quiero que colabores— Le dedicó una pequeña sonrisa.
— ¿Por qué querría yo colaborar?— Respondió Erika, entre desafiante y divertida.
—Porque no creo que quieras ser la sumisa del mejor amigo de tu novio— Dijo Jared, sonriendo ladinamente— Y porque sé que te gustaba espiarme...— Erika abrió los ojos de par en par ¿Cómo sabía él aquello?— Entre estas paredes no hay secretos, preciosa

—Te elegiré a ti
—Ya verás lo mucho que vamos a divertirnos cuando estemos solos— Jared le hizo un guiño y se separó un poco, entonces siguieron caminando hasta la habitación principal.

Erika se despidió de Jared con un gesto y entró por la puerta principal, él aguardó un instante y entró por la puerta de servicio. En la pequeña habitación auxiliar se encontraba Daniel. Iba vestido con un albornoz de color verde pasto y llevaba una máscara de color negro, junto a él estaba una guapa chica que llevaba una máscara de conejito y un albornoz de animal print. No la conocía personalmente, pero sabía que era una de las mejores sumisas que tenían en la actualidad, y que era de la hermana del medio de las Wilson.

La chica le guiño un ojo y se puso pinta labios de color fucsia.

—Me gusta marcar mi territorio— Explicó divertida, aunque solo Daniel rió del comentario.
—Cené con tu pupila— Dijo Daniel, divertido.
—Lo sé, ella me dijo— Respondió Jared, comenzando a cambiarse la ropa.
—Es una chica encantadora
—No tengo que decirte lo que te va a pesar si la haces sufrir...
—Uy, no me salgas con ese discurso— Dijo Daniel, desenfadado— Anda, relájate, realmente me parece una chica encantadora, y realmente me gustó salir con ella... ¡En serio!
—Solo te hago un amistoso recordatorio

La chica miró a ambos chicos y puso los ojos en blanco.
—Los hombres son tan territoriales
—Sí, nos gusta marcar el territorio, con o sin labial— Bromeó Daniel y esta vez, incluso Jared rió, aunque fue más cortesía que otra cosa.

Las puertas que provenían de la habitación principal se abrieron y una chica vestida de negro se asomó y dijo:
— Ha llegado el momento...
De rodillas sobre una gran cama adoselada, Erika dijo sus primeras palabras:

—Estoy a sus órdenes

Por cuestión de jerarquía, el primero en acercarse fue Jared. Se sacó el albornoz color de bermellón y quedó completamente desnudo, a excepción de la máscara de látex negra que le cubría la mitad de rostro. Se acercó al borde de la cama y tomó una de las fustas que reposaban sobre la pequeña mesa. Acarició lentamente la mejilla de Erika con la fusta y sintió el temor en la chica, que tembló ligeramente. Entonces bajo la punta de la fusta hacia uno de los pechos de ella y lo azotó con fuerza, haciendo que la chica gimiera de dolor.

— ¿Eso te ha gustado?
—Sí

Jared azotó el otro pecho de la chica y vio sus ojos humedecerse.

— ¿Sí, qué?
—Sí, señor

Complacido, Jared tomó el rostro de Erika entre sus manos y susurró:

—Quiero que me hagas acabar— Ordenó Jared.

Desde su lugar, Candace contempló como Erika comenzó a comerse el miembro de Jared. Había algo que siempre le había fascinado de ver a una mujer hacerle el sexo oral a un hombre, no sabía bien en que iba, quizás era en las expresiones que hacían, o en los sonidos ahogados cuando intentaban llevarla hasta el final. Aquella ocasión, claro, no era una excepción, y si alguien le hubiese preguntado en ese momento, no dudaría en decir que Erika y Jared habían nacido para ser amo y sumisa. Solo bastaba con ver la lujuria que se veían en los ojos de la chica, que, con aquella carita angelical, estaba arrancándole gemidos de placer al maestro de la Sociedad.

Como su orden jerárquico se lo permitía, Candace se acercó lentamente hasta la pareja y, dirigiéndole una pequeña reverencia al maestro, se colocó detrás de Erika y le sujetó las manos en la espalda con algo de firmeza, mientras Jared la sostenía con fuerza del cabello y movía sus caderas, penetrando en la boca de la chica. Desde su posición, Candace se permitió lamer y besar la espalda de la iniciada, dejando huellas de labial, y darle pequeñas palmadas en el trasero.

—Atemos sus manos— Susurró juguetona Candace, mirando sugerente al maestro, que le dedico un gesto de asentimiento. Candace se levantó de su lugar y fue a tomar una cuerda, le hizo un guiño a Daniel, que aún esperaba su turno y luego volvió a la cama y ató hábilmente las manos de Erika contra su espalda, al tiempo que la chica soltaba un gemido ahogado y, con ojos llorosos, lograba hacer que Jared acabara— Es muy hábil, maestro... Pero yo quiero probar algo...— Con un seña, la chica le indicó a Erika que alzara su trasero, y esta, que aun no se recobraba del todo, apoyó su mejilla contra la cama.

Candace se hundió en el húmedo entre piernas de la iniciada y tras unos momentos, le arrancó un grito de placer que resonó en toda la habitación.

Erika, cuyas manos no podían moverse, se retorcía de placer al sentir la lengua de la chica acariciarla de aquella forma. Aun sentía el sabor a Jared en su boca cuando el orgasmo llegó, aquello era para lo que había estado esperando tanto tiempo, aquel éxtasis, aquella consensuada humillación.
—Ahora quiero que se lo hagas ella— Ordenó Jared y le hizo una seña a Daniel para que se acercara.

Erika se acomodó como pudo y sintió como Jared la sostenía por el nudo que ataban sus manos, se inclinó sobre el entrepiernas de Candace y comenzó a darle placer solo succionando y lamiendo, y entonces, sin previo aviso, Jared la penetró desde atrás. Primero se movió lento, aferrándola con fuerza por sus manos atadas. Luego de un momento, Erika ya no pudo seguir con Candace y recibió una fuerte palmada por parte de Jared.

—No te he dicho que te detengas

Candace comenzó a hundir sus dedos en su sexo y fue Daniel quien intervino:
—Nadie te ha dicho que te des placer
La interpelada le dedicó una mirada lasciva a Daniel y susurró:
—Soy una mala chica

Erika observó como Daniel azotaba algunas veces a Candace, y luego, frente a sus ojos, vio como este la penetraba con sus dedos hasta que, irremediablemente, la chica estallaba empapando la cama. Aquella imagen fue tan excitante, que sumado a las duras embestidas de Jared, Erika se estremeció en un orgasmo tan fuerte, que temió desvanecerse.

—Ahora, ven aquí...— Ordenó Jared, aún abrazando a la chica por la espalda, sosteniendo sus pechos e intentando acompasar sus respiraciones— Haz sido una chica muy buena, muy buena— Jadeó un poco— Falta poco
—Propongo un juego— Dijo Candace— Juguemos con ella... El nombre que diga, será su amo... Ella será de quien la haga llegar

—Tú no puedes tener una sumisa— Observó Daniel
—No, pero me quiero divertir ¿Qué tiene eso de malo?
Jared sonrió como respuesta y soltó a Erika. Desató sus manos y la llevó hasta el dosel de la cama.
—Para que esto sea más justo... Cubramos sus ojos— Convino Jared, atándola al dosel.
—Me parece bien— Daniel caminó hasta la mesa y tomó un cubre ojos.
— ¿Qué pasa si me equivoco en decir el nombre?— Preguntó Erika, temerosa.
—Confiemos en que no— Susurró Jared, luego tomó el cubre ojos y se acercó para ponérselo—Solo di mi nombre cuando creas que es conveniente— Susurró.

Ahí, de espaldas a todos, atada y en la oscuridad, Erika esperó ansiosa saber quién sería el primero.

Sintió que alguien se acercaba y unas manos la tomaban de las caderas. Eran unas manos gentiles y delicadas, no dudo de que era Candace. Ahí, con sus piernas separadas, sintió como aquellos dedos la penetraban y se movían ágilmente en su interior, se aferró con fuerza al dosel al que estaba atada y gimió con fuerza, pero no dijo ningún nombre, ni siquiera cuando se sintió empapada y sus piernas flaquearon.

Entonces, apareció otra persona y, para su sorpresa, la penetró en el otro lugar. La tomó con fuerza por las caderas y luego, una de sus manos la rodeó y comenzó a tocarla desde atrás, pero no era algo que hubiese sentido con anterioridad, estaba segura de que era Daniel. Además, solo alguien terriblemente competitivo como él la penetraría en busca de darle un placer distinto al que le había dado Jared. Le gustó, pero no sintió mayor placer. Además, estaba segura de que Jared lo haría distinto.

Daniel, por su parte, solo había tenido en mente todas las cosas que quería hacerle a Amanda, porque aunque Erika era un bombón muy dulce de comer, a quien realmente quería poseer era a la chica que había dejado hacía un rato en el campus.

—¡Oh, Jared, no pares!— Gritó Erika.
—Eres una pequeña tramposa— Susurró Daniel, luego de acabar dentro de ella y aun aferrándola por las caderas—Pero realmente me alegro de no tener que ser yo...

Ella sabía muy bien a lo que se refería.
—Bueno, creo que queda claro a quien ha elegido— Dijo Jared, acercándose y descubriendo los ojos de Erika— Y vaya que me resulta un poco indigno, te aseguro que la próxima vez que digas mi nombre, no será en vano

Daniel puso los ojos en blanco y se alejó. Probablemente más que ganar la sumisa, quería era ganarle al imbécil de Jared Dylan, tan creído e insoportable. Ah, pero ya demostraría que si era capaz de satisfacer y domar a la pupila de Jared.

Candace le hizo una pequeña reverencia a Jared y le dedicó una pequeña sonrisa a Erika, entonces se dio la vuelta y salió de la habitación.

—Bueno, las cosas han quedado como debían quedar ¿No?
—Así es, amo— Respondió Erika, con la mirada gacha.
—Quizás deberías cenar y descansar, ya nos pondremos al día en otro momento ¿Te parece? Estoy ansioso
—Me parece bien, amo
—Estás bien entrenada— Dijo satisfecho Jared, y entonces le dedicó una pequeña sonrisa a la chica— La pasaremos bien, Erika
—Sí, amo
—Ya puedes decirme Jared

Ella le dedicó una pequeña sonrisa en respuesta y se dispuso a salir de la habitación. Jared tenía razón, ahora necesitaba asearse, comer algo y descansar. Tomó su teléfono móvil y le envió un mensaje de texto a Marcus, podría verlo al día siguiente, cuando los rosetones en su piel hubiesen desaparecido del todo. Además, quería volver a hacerlo con Jared, se moría de ganas de que solo estuvieran los dos. Al fin había logrado su cometido, estaba iniciada y como plus, era la sumisa de Jared Dylan, el maestro. Todo le estaba saliendo bien.
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